Se decía que al Barcelona le costaba sacar adelante su compromiso liguero cuando jugaba después que el Real Madrid. De cinco veces que los blancos habían jugado antes que los azulgranas, estos no ganaron ningún encuentro. De esas cinco veces, el Real Madrid ganó cuatro: sólo empató la primera vez, contra el Racing de Santander. Pero el Barcelona no aprovechó este tropiezo, pues empató a dos en Mestalla.
Así, con el Real Madrid jugando antes, el Barcelona empató contra Valencia, Sevilla, Athletic de Bilbao y Espanyol. Además, sufrió su única derrota liguera esta campaña: contra el Getafe. En total, el Real Madrid había sumado trece puntos. El Barcelona, cuatro.
Esta jornada el Real Madrid abría fuego antes que el Barcelona. Lo hacía tras haber lavado su imagen entre semana contra el eterno rival en Copa, recibiendo en el Bernabéu a un Zaragoza desahuciado. Por su parte, el Barcelona visitaba al Villarreal, otro equipo en horas bajas.
Por tercer partido consecutivo, el Real Madrid comenzó perdiendo. A los diez minutos Ángel Lafita había sorprendido a todo el mundo, adelantando a los maños. Un futbolista al que se le daba bien el Santiago Bernabéu: la temporada pasada firmó dos de los tres goles del Zaragoza ante los blancos.
Al Madrid le tocaba remontada, tras ese despiste generalizado que acabó en gol. No tardó demasiado en empatar: Kaká, veinte minutos después, marcó, en una jugada en la que Ricardo Carvalho se disfrazó de Özil. El alemán fue el jugador más inspirado del Madrid: parece que ha vuelto, en el tramo más importante de la temporada. Asistió a Cristiano en el segundo tanto blanco e hizo el tercero, con el que se dio por finiquitado el encuentro.
Los blancos ganaron 3-1 al Zaragoza, y le pasaba la patata caliente al Barcelona. Los azulgranas jugaban en un estadio que tradicionalmente no se les había dado bien, pero en el que sólo conocían la victoria en la “era Guardiola”. El Barcelona, que dio síntomas de agotamiento en El Madrigal, se topó con un espectacular Diego López. El cancerbero gallego lo detuvo todo, dejando al Barcelona a cero por tercera vez esta temporada.
Una vez más la “presión” de jugar después que el Madrid le pudo al Barcelona. Los de Guardiola se quedan a siete puntos de los blancos. Una distancia que, a pesar de ser la mayor existente entre primero y segundo en las grandes Ligas europeas, no es decisiva. Sí es cierto que se presenta, de aquí a final de temporada, un escenario completamente diferente en la Liga española.
No era lo acostumbrado en los últimos años que el Real Madrid estuviera por encima del Barcelona. Tampoco, que le sacaran tantos puntos. La gran preocupación en el entorno blanco era llegar al derbi del Camp Nou con una distancia corta. Estos siete puntos invitan al optimismo, de cara a afrontar con muchas garantías ese encuentro de la trigésimo quinta jornada de Liga. Ahora bien, el Real Madrid debe mantenerlos.
Suele decirse que lo difícil no es llegar, sino mantenerse. El Real Madrid lo tiene muy de cara, pero ahora tiene que mantener esta distancia. Que no es fácil, más teniendo como rival a un Barcelona que, hoy por hoy, sigue siendo superior. Y quedan cincuenta y cuatro puntos por delante. Con todo esto por delante, pensar que la Liga ya está sentenciada es absurdo: siete puntos no son nada.
Sí se cambia el escenario, el panorama. Antes, el Real Madrid era quien iba por detrás, realizando labores de persecución y protagonizando remontadas de puntos. Antes, era el Barcelona quien mandaba, quien obligaba a los blancos a ir a remolque. Queda por ver cómo se adaptan ambos equipos a sus nuevos roles. Cómo llevan en el Bernabéu el rol de ser quien marque el paso y en el Camp Nou el de tener que ir a remolque.
DIEGO BELMONTE





