Con las mismas armas no hay tanta distancia

Özil probó fortuna con un violento disparo desde lejos, que acabó siendo repelido por el larguero. Dani Alves, en la última jugada del primer tiempo, disparó con igual violencia al recoger un rechace fuera del área. El balón no fue escupido por el larguero, sino que se introdujo por la escuadra blanca. Dos jugadas similares, pero con distinto final, que pueden resumir la primera parte del décimo Clásico entre Guardiola y Mourinho.

El Real Madrid fue mejor en la primera mitad. Mourinho apostó por un planteamiento valiente, poniendo juntos a Özil, Kaká, Cristiano Ronaldo e Higuaín. Apostó por tener el balón, por tocar, por atacar. Apostó por llegar al área de Pinto. Los de Mourinho jugaron como nunca contra el Barcelona, pero el resultado, al menos en la primera mitad, fue el mismo.

Suele decirse que quien perdona, lo paga. Una vez más esto se cumplió. El Real Madrid fue mejor que el Barcelona en la primera mitad (que sufrió mucho, incómodo, dándole demasiadas facilidades a su rival y que encima se quedó sin Iniesta) pero no supo aprovecharse de ello. Higuaín perdonó tres veces, una de ellas nada más comenzar el partido. También Cristiano Ronaldo se topó con Pinto, que mezcló buenas paradas con acciones de mucha inseguridad.

El Barcelona, por su parte, no perdonó. En apenas cinco minutos, sentenció la eliminatoria. Primero, con un gol de Pedro, completamente solo dentro del área. Después, con el zambombazo de Dani Alves. Dos goles en la recta final del primer tiempo, que parecían abortar todo intento de remontada del rival. Se cambiaron los papeles entre ambos equipos: el Barcelona no tocó tanto y demostró tener una gran pegada; el Real Madrid, adoleció de ella, su principal virtud.

Tras la reanudación, pudo verse a un Madrid igual que el del primer tiempo. No cesó en su empeño de llegar a la meta de Pinto. Vio cómo Teixeira le anulaba un gol a Sergio Ramos, por falta sobre Dani Alves. Se sobrepuso y marcó por dos veces, empatando el encuentro. Cristiano Ronaldo y Benzema, los goleadores.

Un gol daba la clasificación al Real Madrid, que continuó intentándolo. Sin embargo, los minutos finales tuvieron un triste protagonista: el árbitro. Teixeira expulsó a Sergio Ramos por doble amarilla, después de que este chocara con Busquets en un salto. Una acción que no merecía la cartulina. Después, al señalar el final del partido a pesar del tiempo perdido en el descuento, cortando además una buena jugada de ataque para los blancos. Circunstancia, no obstante, que no debe servir para justificar la eliminación del Real Madrid.

La eliminatoria de cuartos ha seguido un guión muy similar a las semifinales de Champions League, que ambos equipos disputaron la temporada pasada. En aquella ocasión, el Real Madrid presentó un planteamiento rácano en el Bernabéu (partido de ida) que le pasó factura al final. Mejoró su imagen en el Camp Nou, cuando era utópico remontar. En esta ocasión, volvió a ocurrir lo mismo. Cabe preguntarse por qué Mourinho no apostó por un planteamiento más valiente, similar al de este encuentro, en el Bernabéu. Es una forma de “tirar” noventa minutos de un partido de ciento ochenta, por mucho que el portugués lo niegue, como ocurrió en la rueda de prensa posterior.

La gran lectura de este encuentro es que si el Real Madrid apuesta por el juego, en vez de por la racanería, es capaz de plantarle cara al Barcelona. Primó el fútbol, en vez de cualquier aspecto extradeportivo. El gran protagonista fue el balón y no Pepe (que al final jugó, pese a su tristemente célebre pisotón a Messi) La distancia entre ambos, cuando los blancos se sacuden la presión de jugar ante los azulgranas y juegan con las mismas armas, no es tanta.

Diego Belmonte

@diegombelmonte